Los preparativos
Todo empezó hace algo más de un año cuando Eduardo, un compañero del trabajo, me comentó que había conocido un reto llamado Everesting y que su hermano Sergio iba a hacerlo. Desde entonces me he ido informando y le empecé a dar vueltas a la posibilidad de hacerlo algún día, pero parecía (y me lo sigue pareciendo) una salvajada.
El reto consiste es subir el desnivel del Everest, 8.848 metros, en una única salida ciclista, subiendo y bajando un mismo puerto, tantas veces como sea necesario hasta superar el desnivel. Se pueden hacer descansos para comer, pero no se puede parar a dormir y seguir al día siguiente. Esto supone, dependiendo del puerto, recorrer una distancia de unos 300km y estar pedaleando como mínimo 15 horas.
Para conseguirlo, primero tenía que manejarme con soltura en las marchas de 5.000 metros de desnivel. Las marchas cicloturistas largas y con desnivel, como la famosa Quebrantahuesos, suelen tener unos 3.000 y pico metros. La QH la he hecho hasta en 10 ocasiones, pero aquí estamos hablando de otro nivel de dureza. Es por ello por lo que decidí añadir a las 3 Puritos que llevaba hasta la fecha -la Purito por los puertos andorranos acumula 5.000 metros- un tríptico veraniego en 2018: Marmotte Alpes (175km y 5.000mts), Purito (145km y 5.200mts), Marmotte Pirineos (165km y 5.600mts). La verdad es que en las tres me sentí perfecto, mucho mejor de lo esperado, y salvo en el final de la Pirineos -donde cometí un error de no comer a tiempo- las pájaras no aparecieron con gran esplendor. Es entonces cuando decidí que para el 2019, coincidiendo con mi 50 cumpleaños, intentaría completar el Everesting.
Es entonces cuando decidí que para el 2019, coincidiendo con mi 50 cumpleaños, intentaría completar el Everesting
Empecé a pensar el puerto y analizando los datos de las 3 marchas vi que los porcentajes entre 6% y 7% eran los ideales. Menos porcentaje es más suave, pero obliga a superar los 300kms y se va de tiempo. Puertos de más del 8% de pendiente media hace que subas más metros en menos tiempo y por tanto recorres menos quilómetros, pero los puertos finales de las tres marchas realizadas (Alpe d’Huez, Cortals y Luz Ardiden) con medias del 8% y kilómetros de porcentajes de 2 dígitos, precedidos cada uno de ellos de puertos no menores (Galibier, Gallina y Tourmalet en la foto) con muchos kilómetros seguidos a más del 9% me hicieron ver que el desarrollo que llevaba -un 34×30- sería insuficiente para llevar una cadencia cómoda y completar el reto.



Por tanto, la elección era clara, no más de 7% y a ser posible muy constante.
Las otras condiciones que debería cumplir el puerto es que esté bien asfaltado para que las bajadas sean seguras y, puestos a pedir, poco tráfico.
Mirando la lista de puertos que cumplen estas condiciones, el puerto ideal era La Masella, desde Alp hasta la estación de esquí. 6km al 7%, con un primer kilómetro duro y el resto por debajo del 7%. Vistas espectaculares y cerca de casa. Parecía ideal.
Así que en octubre decidí hacer una prueba: Half Everesting en La Masella. Serían 11 subidas (de las 22 del reto). Empecé con retraso, por lo que hice las subidas más rápido de lo previsto (error), y en la subida 9 estaba bastante tocado. La décima fui muy lento y se me echó el tiempo encima por lo que decidí parar y no completar la última.

Pero las conclusiones fueron muy positivas. Básicamente dos: La comida tiene que ser normal y abundante, nada de geles y barritas. Y hay que ir a un ritmo muy suave Z2 en general con poco rato a Z3. A bajas pulsaciones vas más lento, pero es muy poco tiempo el que se pierde y aumenta mucho la probabilidad de éxito.
La elección final del puerto
Con todo esto ya estaba listo para afrontarlo en 2019. En esas que Sergio me dijo que, si mi intención era hacerlo, él se apuntaba conmigo para repetir la hazaña. Eso me animó, ya que la compañía es fundamental cuando el cuerpo flaquea y hay que tirar de la cabeza. Y al mismo tiempo hizo que modificara el puerto elegido. Montserrat era la otra opción. Cumplía casi todas las condiciones, menos la del tráfico, ya que suele ser abundante. Pero le añade otras ventajas: es mítico, subes a un santuario mariano, el paisaje es muy bonito y está cerca de Barcelona y por tanto facilita la logística y el que los amigos vengan a verte.

Así pues, Montserrat sería el puerto. 8,5km al 6,7% por lo que con 16 subidas se completa el reto. Cabía la opción de hacer la subida más corta, o bien hasta el avituallamiento de Sant Benet en el km 6 o hasta la barrera del parking km 7,3, pero decidí que pese al tráfico había que subir 16 veces a visitar a la Moreneta, que siempre nos está cuidando. Si se sube, se va hasta arriba. Bueno, hasta donde empieza el llano, que lo otro es peatonal y ya lo haríamos en la última.
Fijamos la fecha para final de mayo, el sábado 25. Un sábado de mayo Montserrat está lleno de peregrinos y turistas. Pero esa era la mejor fecha ya que más tarde empieza a hacer mucho calor en las horas centrales del día, y si lo hacemos antes el día es corto y nos faltan horas de luz. Para esa fecha calculaba empezar y acabar de noche, pero solo dos o tres subidas a oscuras, como así fue.
El por qué del reto solidario
Cuando se acercaba la fecha se me ocurrió lo que definitivamente le dio la vuelta al evento. Hacer este gran esfuerzo solo para completar un reto personal y satisfacer mi ego, me parecía que no tenía mucho sentido. Y entonces decidí transformarlo en un reto solidario para recaudar fondos para una buena causa.
El 18 de mayo, fecha muy cercana al evento, se cumplían 6 años del fallecimiento de Edu. Edu, era el menor de seis hermanos de una gran familia amiga mía. Y al igual que los otros 5 hermanos, él también era compañero de clase de un hijo mío, Joan, el menor. De hecho, era su mejor amigo, pues compartían no solo el tiempo de escuela, sino las vacaciones ya que ambas familias veraneamos juntos.
Y entonces decidí transformarlo en un reto solidario para recaudar fondos para una buena causa
El 18 de mayo, fecha muy cercana al evento, se cumplían 6 años del fallecimiento de Edu
Cuando tenía 6 años le diagnosticaron un tumor cerebral, que por esa fecha (y todavía a día de hoy) no tenía curación. El pronóstico era tan claro como crudo y el desenlace cuestión de tiempo. Fueron unos meses muy difíciles de describir, pero me quedo con la entereza con que la familia lo llevó, el cariño y apoyo de familiares y amigos y, a título personal, los momentos de felicidad que pasé junto a Edu, siendo consciente de que serían los últimos.
Ya durante su enfermedad y sobre todo a partir de su fallecimiento se inició una línea de investigación de ese tipo de tumor en el Hospital Infantil Sant Joan de Déu. Los avances son importantes, pero requieren de una gran financiación económica. A lo largo de estos años he colaborado en alguna actividad que organiza la familia para recaudar fondos y pensé que ésta era una buena ocasión para repetir.
La verdad es que desde la Fundació Sant Joan de Déu lo tienen todo muy bien organizado y es muy fácil hacer un proyecto solidario de crowfunding para recaudar dinero.
La semana previa
Con todos los entrenos y preparación física ya realizada, para abordar la semana previa de descanso y una vez decidido el motivo solidario decido empezar a generar los documentos explicativos para dar a conocerlo entre mis amigos. La sorpresa es mayúscula al ver la gran aceptación que tiene y las ganas de colaborar que tiene la gente. Los que son ciclistas se ofrecen a acompañarme y los que no lo son quieren colaborar económicamente.
Por lo que lanzo un pequeño reto. Mi aportación al proyecto irá en función de las subidas que consiga hacer (espero hacerlas todas y eso depende de mí básicamente) y será mayor si las hago con compañía (eso depende del resto). Así que quien quiera acompañarme sabe que ya está colaborando en el proyecto.
Una vez hecho el cartel, el folleto, la web para hacer las aportaciones, etc… empieza la difusión en redes en la que muchos amigos colaboran.

Durante esa semana la previsión meteorológica anuncia lluvias para el sábado y durante todo el viernes la precipitación es muy abundante en toda la zona. Tras analizar distintas opciones (cambio de fecha, cambio de sitio, cambio de…) llegamos a la conclusión de que no hay plan B.
Confiemos que el tiempo acompañe y que Edu, desde el cielo, nos lo arregle.
El día D
Son las 3.30 de la madrugada y suena el despertador. De las primeras cosas que hago es mirar el móvil y veo el mensaje de Sergio que está a punto de salir de Barcelona. ¡Llueve! Me dice. Miro por la ventana, y efectivamente en Igualada también. Montserrat está en medio…
Desayuno fuerte, reviso que no falte nada de lo que dejé en la furgoneta el día anterior y cargo la comida y bebida que tomaré durante el día. Marc, otro hijo mío, me acompaña ya desde el principio, y lleva también su bicicleta para acompañarme en alguna subida.
A las 4:45 estamos ya en el aparcamiento de Sant Benet, punto de encuentro. Sergio y yo, listos para empezar la aventura, y Marc que nos espera en el coche. Llueve ligeramente, la noche es muy oscura y la carretera está muy mojada. Decidimos abrigarnos más, ponernos el chubasquero y empezar con mucha prudencia la bajada, confiando en que el tiempo se arregle.
Son las 5 en punto y ¡empieza la aventura!
La primera subida es de calentamiento. De noche, con focos. Vamos Sergio y yo hablando, a ritmo suave, y mi cabeza no para de darle vueltas a la locura que tengo que hacer. Subir 16 veces esa mole de piedra preciosa que es Montserrat… con frío, lluvia y oscuridad. Pero alejando esos pensamientos, en 45 minutos coronamos por primera vez. En el tiempo previsto y eso me anima.
La primera subida es de calentamiento. De noche, con focos. Vamos Sergio y yo hablando, a ritmo suave, y mi cabeza no para de darle vueltas a la locura que tengo que hacer. Subir 16 veces esa mole de piedra preciosa que es Montserrat… con frío, lluvia y oscuridad
En mis cálculos previos, no puedo evitar hacer números de todo, tenía anotado invertir 45 minutos para la subida y 15 minutos para la bajada. 1 hora para completar la “vuelta”. Y cada 2 vueltas hacer una parada de 15 min de avituallamiento. 7 paradas que supondrían unas 2 horas. Total 18 horas. Empezando a las 5 calculaba terminar a las 23. Para esa fecha de mayo, amanece un poco antes de las 7 y anochece pasadas las 21.
Iniciamos la segunda subida y la cosa empieza a mejorar. Me siento mucho mejor de piernas, empieza a clarear y ya solo chispea. Durante la subida el silencio es absoluto, sin ruido de coches y se escuchan de vez en cuando el canto de los pájaros saludando el amanecer. El verde de las hojas tiene esa brillantez especial de los días de lluvia y el contraste de despejado en las zonas bajas y la niebla en las zonas altas hace que el paisaje tenga esa aureola de mágico. Subida de nuevo en 45 minutos, quizá a más pulsaciones de lo previsto, pero bien.

Parada breve para reponer agua y comer algo. Son las 7 de la mañana y seguimos…
Cuando llegamos abajo, primera gran sorpresa y alegría, que será la tónica del día. Nos cruzamos con Dani, mi sobrino, que como tiene la mañana ocupada con la familia ha decidido venir a acompañarnos a hacer algunas subidas pronto. En ese momento pienso: Son las 7 de la mañana por lo que se ha tenido que levantar a las 5:30 para venir aquí a subir con nosotros un ratito, porque quiere colaborar en el Everesting de Edu. A Dani, por los que no lo sabéis, le falta una pierna. Pero eso no impide que vaya en bici y decida subir Montserrat unas cuantas veces conmigo. Creo que subió 4. Con el subidón de ver que a la tercera subida ya hay compañía, la hacemos en un plis plas, contando historias entre los 3… y en el tiempo previsto.
A las 8 toca la cuarta, y al llegar a Monistrol me encuentro a Álvaro, compañero del trabajo y Xavi, mi hermano. ¡Venga que ya somos 5! Esto empieza a parecer una fiesta. Álvaro nos acompaña dos subidas y Xavi 3 o 4. Subida en 45 minutos y parada -más larga- a desayunar en el coche.
Llevamos 4 horas y 4 subidas, un Short-Everesting, y tengo la sensación de que aun no he hecho nada. Ha dejado de llover, el día se empieza a despejar, la temperatura es perfecta…

Iniciada la quinta subida se nos une mucha más gente. Ya me cuesta recordar quienes son y cuantas subidas hicieron, por lo que pido disculpas por anticipado si omito a alguien. Pero recuerdo a Carles, compañero infatigable de aventuras ciclistas, y a Toni con dos amigos. A partir de esta subida, el “pelotón” es de unos 10 y no bajará ese número hasta la noche. ¡Hubo momentos de casi 20 personas!
Todas las subidas se hacen muy amenas, pues la conversación en cada una de ellas es con gente distinta, todos amigos y que tienen ganas de participar en este reto y disfrutan con ello
Todas las subidas se hacen muy amenas, pues la conversación en cada una de ellas es con gente distinta, todos amigos y que tienen ganas de participar en este reto y disfrutan con ello. Los avituallamientos se convierten en una reunión de amigos. Sergio y yo vamos a lo nuestro, pero el resto de gente decide qué subida hacer y cual quedarse en el coche, hacer fotos o hacer la subida a otro ritmo.

Durante esas subidas se unen compañeros del trabajo como Horacio, Eduardo, Eusebio, Raúl, Mercè; más familia como Montse y Frank, colegas de grupeta de Igualada como Ramon y Meritxell, y amigos de amigos… y por supuesto todos los amigos de Sergio que iba conociendo a medida que se incorporaban en las subidas.
Con todo ello llegamos a las 2 de la tarde, con 8 subidas completadas. El Half-Everesting. Me encuentro perfecto. Buenas sensaciones, sin excesivo cansancio y muy bien acompañado. Aprovecho para hacer una comida abundante. Pasta, carne, fruta, bebida… y seguimos a por el otro Half.

La mayoría de los que me acompañaron por la mañana ya van volviendo a su casa, pero llegan más. En general por la tarde viene más amigos y familiares de Sergio, pero también míos. Algunos como Frank, me empezaron a acompañar en la subida 7 y lo hará hasta la 16. En total 9 subidas completas, casi nada. Tampoco se queda corto Miguel, amigo de Sergio que sufrió un gravísimo accidente de niño, que nos acompaña 7. ¡Muchas gracias!
Por la tarde viene más familia. Mi mujer y dos hijos más. Y Marc, que lleva todo el día colaborando en los avituallamientos, se anima con las subidas. 5 en total. También vienen amigos del club Valldaura: Mn Xavi, Pep, Joan, Pere padre e hijo.
Y a media tarde llegan los padres de Edu, con varios de sus hijos. En una de las paradas aprovechamos para hacernos una foto e inmortalizar el momento.

También viene la familia de Sergio y en los avituallamientos hay bastante ambiente.
Las fuerzas empiezan a flaquear y las subidas cada vez cuestan más, pero tan solo las hago 1 o 2 minutos más lento. Sergio va mucho más sobrado y hacemos las subidas en dos grupos. El suyo por delante y el mío más lento, pero nos reagrupamos arriba o en el avituallamiento. Llegados a este punto, lo mejor es que cada uno vaya al ritmo que más cómodo se sienta. De vez en cuando aprovechamos el reagrupamiento para hacernos fotografías de grupo.

En la subida 10 supero mi récord de desnivel: 5.600 metros. Son muchos metros, pero cuando piensas en los que faltan… mejor pensar en otras cosas y seguir pedaleando. Y seguimos subiendo la 10, la 11, la 12…
Y de repente, me entra una crisis profunda. Llevo más de 6.000 metros, me quedan 4 subidas y media. Las fuerzas flaquean. Es como el muro de la maratón, a los tres cuartos de la ruta. El ritmo que llevaba hasta entonces no sale, las pulsaciones no suben y no tengo ni ganas de comer. Al final, veo que llego solo con 4 minutos de retraso respecto a las mejores subidas y eso me anima mucho, porque pese a la pájara veo que no he perdido excesivo tiempo. Y a ese ritmo puedo acabar. Total, que paro un poco más de lo previsto, como bien pese a no tener hambre, bebo pese a no tener sed y voy a por la 13. Frank y Marc serán mis escoltas de aquí hasta el final. Me marcan el ritmo y para arriba. Y lejos de hundirme, me voy recuperando poco a poco y vuelvo a los tiempos habituales. Es como volver a empezar. La subida 14 confirma que la crisis se ha superado y pese al agotamiento total subo en el tiempo previsto. Ahora sí que en cada vuelta paro para comer, beber y descansar un poco. Sin excesos para no coger frío, pues la noche se viene encima.
Y de repente, me entra una crisis profunda. Llevo más de 6.000 metros, me quedan 4 subidas y media. Las fuerzas flaquean
El final se ve cerca y el subidón es total. Ya solo quedan dos. Se hace de noche y volvemos a colocar los focos en la bici. Para esas dos últimas subidas, me pongo geles en el bolsillo y tomaré uno a mitad de cada subida, porque ya no queda energía en ninguna parte del cuerpo. La subida 15 la hacemos bastante bien, con prudencia de no cebarme, ya que, aunque solo quedan 2 y parece poco respecto a 16, son 2 subidas al puerto de Montserrat que las afronto en unas condiciones límites.

Y por fin llega la última. La noche ya es muy cerrada. Mi foco tiene poca luz. El de Sergio es de profesional. Marc y Frank también nos acompañan.
La última la hacemos los cuatro juntos y a un ritmo mucho menor. Para disfrutarla. Por la cabeza se te pasan un montón de cosas.

Cada curva que hago pienso que es la última de las 16 del día y voy recordando todos y cada uno de los amigos que me han acompañado durante el día. Pasamos por el avituallamiento donde los familiares de Sergio cogen el coche para esperarnos arriba el Santuario. Poco después el Garmin indica que ya llevamos 8.848 metros y por tanto el reto está conseguido, pero hay que llegar hasta arribar y hacer esos metros que aseguren el logro.
Cada curva que hago pienso que es la última de las 16 del día y voy recordando todos y cada uno de los amigos que me han acompañado durante el día
Cruzamos por última vez la barrera del parking y afrontamos el último kilómetro. Queda muy poquito para las 11 de la noche, la hora prevista. En el Santuario todavía hay gente, pues esa noche hay un concierto. Antes ha habido una boda. He visto llegar a los invitados y a los novios. Y varias subidas después he visto salir a los novios ya marido y mujer. También he visto como a las 8 de la mañana subían los comerciantes de las paradas con sus furgonetas y la esperanza de hacer negocio ese día. Y como a las 8 de la noche bajaban con la satisfacción -supongo- de haber hecho un buen día.
Y por fin llegamos arriba. ¡16 subidas completadas! La emoción es inmensa. Esta vez en lugar de dar media vuelta seguimos hasta la explanada del Santuario. Y al llegar están los familiares que nos esperan con aplausos. Nos damos un abrazo con Sergio y nos hacemos una foto con la bici en alto, como marca la tradición.

Aprovecho para dar gracias a la Virgen por el estupendo día que hemos pasado y que todo haya salido sin incidentes. Y rezo también por Edu que, aunque estoy seguro de que está en el cielo, todo lo que recemos por él nos lo devuelve con creces.
El post
Una vez terminado el reto no puedo más que estar agradecido a toda la gente que me ha acompañado y ayudado a hacer que sea posible. Es sin duda alguna lo más duro que he hecho en bici, pero al mismo tiempo, uno de los días que mejor me lo he pasado. Y no solo el día en cuestión sino todos los preparativos y el post evento, pues las donaciones han seguido llegando hasta completar los casi 1.000€ para que se pueda seguir investigando como curar esta terrible enfermedad.
Y no descarto, vista la gran experiencia, repetir la gesta en futuros años. Solo necesito alguien que quiera afrontar el reto y yo gustosamente le acompañaré
En la memoria quedan muchos recuerdos y valga esta crónica para que otros puedan conocerlos. También adjunto un link a la actividad Strava por si es de utilidad a futuros Everestings.
Y no descarto, vista la gran experiencia, repetir la gesta en futuros años. Solo necesito alguien que quiera afrontar el reto y yo gustosamente le acompañaré. Y no tengo ninguna duda que gente con ganas de acompañarnos y donar dinero habrá en abundancia.
Salud y kilómetros.
Eduard Nafría.
